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Capilla San Antonio de Padua (Valle Hermoso)

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Transcurría el año 1545 cuando Nicolás de Heredia capitán de la expedición de Diego de Rojas, recorría estas tierras del hoy Valle de Punilla; bajando del Tucumán en busca de la ciudad de los Césares. Años más tarde Don Jerónimo Luis de Cabrera, en 1573, fundará Córdoba de la Nueva Andalucía. Luego vendrá el reparto de tierras entre los cofundadores.

Las de estas zonas que nos ocupa, fueron entregadas en merced, a Don Tristán de Tejeda, padre del primer poeta cordobés el 8 de febrero de 1584. Tiempo después donó las tierras a su consuegro, el general Don Pablo de Guzmán y el 19 de abril de 1603, se labró la escritura traslativa de dominio.

El portugués Mateo de Acevedo compra la propiedad a Guzmán el 13 de febrero de 1603. La hija de aquel, María Acevedo y Ubeda, viuda de Jerónimo de Nis, fue dueña de la misma e impuso censo a favor del Monasterio de Santa Catalina, en unión con su yerno Antonio Gutiérrez, el 31 de diciembre de 1651.
Antonio Gutiérrez (1619-1680), nacido en Esteco, fue quien bautizó la estancia con el nombre de su santo. Fue su administrador hasta su muerte en 1680. El 6 de marzo de 1649 contrae matrimonio en Cosquín, con María de Nis y Acevedo.

Doña María de Acevedo y Ubeda, el 7 de mayo de 1688, hizo venta real y traspaso de la estancia a su nieto político el capitán don Miguel de Garay y Tobar. Cuatro años después de la muerte de éste, su viuda doña Casilda Gutiérrez vendió la estancia por la suma de 1400$, el día 9 de agosto de 1714 al capitán Francisco Roque Zeballos (1683-1762).

En 1706 un documento vuelve a dar fe de la propiedad al capitán Francisco Roque Ceballos de estas tierras: “Yo, Andrés Fco. de Acosta, escrivano  publico y de cavildo  de esta ciudad de Cordova … doy fee e verdadero testimonio … que desde la foja una a la sesta … obra una carta de dote presentada por Da. Manuela de Garay y Izobald, viuda, mujer legitima que fue del Capitan Don Iñacio de Molina Navarrete a favor del Sgto. Mayor Don Fco. Roque Zevallos…”.

Es muy probable que la idea de edificar un templo y constituir una Capellanía lega, sea de Don Francisco Roque Zevallos. En tal caso habría ocurrido entre 1714, año en que compró la estancia y antes de 1755 en que según, el presbítero Juan Trifón Moyano, recibió el título de patrono de manos del obispo don José Antonio Gutierrez de Ceballos.

En 1750 el recinto sagrado tenía 14 varas de largo por 6 y media de ancho, las paredes eran de adobe y por la parte de afuera estaban revestidas de piedras, puestas de rafa.  Se componía de siete tirantes y estaba cubierta de tejas. Sus puertas de tablas grandes y buenas de dos manos con cerradura y llave. Un coro alto de tablazón sin baranda y un pié para el púlpito.

En su testamento del 21 de septiembre de 1762, Don Francisco Roque reparte sus bienes entre sus hijos quedando para Juan Antonio, el menor, una franja en la que actualmente está asentada la Capilla.

Hizo notables mejoras en la propiedad y encaró la construcción de una nueva capilla un poco más grande y sólida de “piedra rebocada por fuera de 20 ¼  de largo por 6 ¼ de ancho, con su pretil y campanario con dos campanas, una grande y otra chica, de siete tirantes y una llave falsa. Su coro de tasa y barandilla. El techo de tejuela y teja".  
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En 1802, el Capitán de S. M. Carlos III, don Juan Antonio de Zeballos, redacta su testamento en el cual dice: “Deseo que mis restos mortales sean amortajados con el hábito de N. S. de Mercedes y si la muerte me sorprende en la ciudad de Córdoba, depositados en la iglesia Catedral. Si muriese en mi hacienda de campo, estancia de San Antonio de Punilla, que sean enterrados en la Capilla del Señor San Antonio, que acabo de construir a mis expensas”.

Este testamento fue inscripto el 3 de enero de 1805, razón por la cual la Capilla fue fundada entre 1802 y 1805.