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Estancia Jesuitica La Candelaria (Cruz del Eje)

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Los Padres Jesuitas, al tomar posesión de las tierras en 1683, se afincaron junto al río Guamanes, ampliando
las pocas casas y pircas existentes, constituyendo el casco de la estancia. Esta, poseía además, varios puestos con sus respectivos encargados, con la particularidad que muchos de ellos eran negros.

Esta pequeña joya de las construcciones rurales jesuíticas tiene lo que todas las estancias, aunque en dimensiones menores y con características que la asemejan a un fuerte con capilla. Está edificada en cuadro cerrado, bastante amurallada. Tiene, lateral a la iglesia, un primer patio rodeado de las habitaciones que constituyen el convento y un segundo patio en torno del cual se desarrollan los talleres y depósitos, las cuadras y corrales. Más allá: tajamar, atahona, horno, huerta.

Al frente de la Capilla, después del atrio, una larga fila de ranchos albergan a la gente de trabajo.

Sobre el atrio, sobreelevado con respecto al terreno circundante, forman ángulo recto la portada del convento y la fachada de la capilla, en un barroco con adornos simples y bien proporcionados.

La puerta principal de dos hojas de algarrobo, está enmarcada por un perfecto arco de medio punto que genera un pequeño porche sobre el cual y hacia el interior se encuentra la tribuna del coro. Dos columnas sencillas, planas acornizadas, sostienen un tímpano en cuyo eje central se destaca una hornacina que alojaba una talla de la Virgen titular, patrona de los mineros.

Las gruesas paredes se completan con importantes contrafuertes, todo ello construído a la usanza jesuítica: piedra canteada, combinada con ladrillos cocidos asentados en cal en sucesivas hiladas. Al coro y campanario se llega por una escalera exterior que se encuentra en el patio principal.

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