Sucede Ahora

Que visitar en Santa Maria de Punilla


Dique Las Higueritas
Realizado por el famoso Ingeniero francés Carlos Cassafousth al pié de las Sierras Chicas con el fin de ser utilizado para el regadío de sus viñedos, éste paredón data del año 1887 y es alimentado por la vertiente "Las Higueritas", una de las tantas que bajan entre nuestros cerros. Tiene una dimensión de 112 mts. de largo, 3 mts. de coronamiento y 13mts de altura, lo que lo hace una de las obras hidráulicas mas importantes de la época; 3180 m3 de muro de piedra con liga de cal hidráulica propia de las canteras de la región.

Antecesor del Dique San Roque, se cuenta que esta obra fue también una prueba de calidad para las cales de Don Juan Bialet Massé y la mano de obra del recién llegado de Italia, Don Agustín

Marcuzzi para luego concretar la obra mayor. A lo largo de su vida, este trío construyó las obras más fuertes y duraderas de la zona, e incluso en Córdoba Capital aunque la historia tardía supo darles su merecido reconocimiento, la sociedad de su época no hizo justicia a tan notables talentos.
Si bien hoy, el dique Las Higueritas, se encuentra vacío por el desvío del cauce que lo alimentaba, constituye un paseo inolvidable.

Estancia y Molino Hidráulico “El Rosario”
Este conjunto, declarado Monumento Histórico Provincial, se encuentra ubicado en los terrenos que pertenecieron a la estancia de la Madre del  Deán Gregorio Funes y data del año 1585, tiempos del originario asentamiento de La Merced donde era la construcción más importante de la zona y su fin estaba dedicado a la producción cerealera y harinas para consumo propio y venta.

En cuanto al molino, primero en el registro provincial de naturaleza hidráulica, aún se conservan vestigios de lo que fuera el canal de aguas desviadas del Río Cosquín (nombre actual). La fuerza del agua movía las muelas que trituraban los granos por medio de una palanca en forma de engranaje que forman las paletas dentro de una bóveda receptora.

Hospital/Colonia "Santa María"... La vieja Estación Climatérica
Es evidente que a partir del asentamiento de esta institución y seguidamente como ampliación de aquella, del Hospital Familia Domingo Funes es que comienza a generarse el crecimiento poblacional de la otrora Estancia del Rosario de Punilla. Paulatinamente, estas tierras fueron convirtiéndose en esperanza de vida. Para algunos fue su única expectativa. Para otros, idea de progreso, por el surgimiento de potenciales fuentes de trabajo. Estas instituciones nacieron para dar respuesta a necesidades concretas, no materiales, sino más bien existenciales o simbólicas, participación, libertad, creación, ocio, pertenencia e identidad entre tantas cosas y es por ello que Santa María es en gran parte un producto o una necesaria consecuencia de todo esto.


El complejo fue inaugurado el 24 de Junio 1900 por el médico tisiólogo Fermín Rodríguez, atento a importantes estudios climatológicos, de cuyos resultados surge esta región como poseedora del mejor microclima del mundo sólo después de los alpes suizos, con el propósito de atender a los enfermos de Tuberculosis. Fue el primero que hubo en Latinoamérica y se lo conoció como Estación Climatérica Santa María.

La empresa inicial había resultado, para el Dr. Fermín Rodríguez un pésimo negocio económico pero, ya en 1911, sus prestigiosos pabellones con fachadas Centro Europeas se convertían en Hospital Nacional de Tuberculosis, donde se atendía a miles de enfermos. Con el tiempo, hoteles, hospedajes, instituciones sanitarias, y los más variados servicios, comenzaron a especializarse en la atención de los enfermos, sus necesidades y las de sus familiares y allegados que se afincaban en la zona.
Asimismo se comunicó a esta propiedad a través del río por un puente con zapatas de cal, piedra y calzada de madera. Este puente se usó hasta 1.913, fecha en que lo derrumbó una fuerte crecida del río. En la actualidad se lo conoce como el Puente Viejo.

Cueva de los Pájaros
Allá lejos y hace tiempo quizás, un movimiento sísmico produjo una fractura en una gran placa rocosa que, sumado a los derrumbes, abrió una brecha por la que se cuela el agua de vertientes en un serpenteante recorrido que forma pequeñas lagunas y cascadas de hasta 14 metros de profundidad. Nuestra misión será la de mantenernos siempre cerca del agua y será así que podremos apreciar de la mejor manera el esplendor de la naturaleza.

Como para dar inicio al espectáculo, veremos un espejo de agua desembocar en la primera gran cascada que es atravesada por un puente colgante, ideal para comenzar a guardar recuerdos fotográficos. De igual manera, no hay más que desandar el paisaje para encontrarnos con caprichosas formas que la naturaleza decidió darles a una cuantas piedras como la Cabeza del Indio o la Cara del Mono, entre otras.


Casi sin darnos cuenta llegaremos a la cueva prometida, que no es más que el desmoronamiento de pequeñas y grandes rocas sobre la profunda grieta que no mide más de un metro y medio en ese sector. Apenas si se cuelan unos rayos de luz, pero entre los escondrijos hay una abertura de suficiente tamaño como para que cualquier persona pueda ingresar a un mirador desde donde podremos observar a las aves que, acostumbradas a las visitas, permanecen indiferentes a nuestra presencia.

Capilla de San José del Valle de Punilla
El gobernador Juan Ramírez de Velazco, el 19 de agosto de 1588, entregó estas tierras en merced,  a uno de los cofundadores de Córdoba, el general Alonso de la Cámara.

Treinta años después, el alférez real, José de Quevedo compró estas tierras y dándole un fuerte impulso a la ganadería las convirtió en una importante estancia, la cual aparentemente es rebautizada con el nombre del patriarca San José. Como era habitual en la época dispuso todo lo necesario para que el establecimiento tuviera su propio oratorio.

Su nieto, el capitán don Francisco de Quevedo, el 28 de febrero de 1721 las vendió al general Ignacio de Ledesma Ceballos.

En un prolijo trabajo sobre esta capilla, el canónico Juan Trifón Moyano, quien fuera cura párroco en la Punilla por un largo período, se refiere a la posibilidad de distinguir dos manos distintas y dos épocas en su construcción: "la primitiva", construida por asperones ligados por argamasa que quemaban los indios en pequeñas hornallas de pirca seca entre los cuales colocaban en estrados por orden, leña, taquilla, terrones de caliza, varias veces superpuestos, a los que le daban fuego, resultando mal cocida la cal y la argamasa granulada. No obstante, por su calidad cualquier construcción formaba con el tiempo un monolito. La segunda o ensanche , construida de piedra y adobes quemados y argamasa de cal y mármol, quemada en hornos de bóveda y arena, en correspondiente proporción.

El  mismo Ledesma, o tal vez sus descendientes, los León, fueron los que han adecuado el recinto sagrado a las necesidades del culto, ampliando la ermita existente, alargando y elevando paredes dando la fisonomía que aún conserva.

La fecha de construcción de la Capilla de San José es posterior a 1721 y anterior a 1745, año en que murió Ledesma Ceballos. La ampliación es, aproximadamente, de 1879. El 30 de abril de 1877, el cura interino Ambrosio Raynoldi, hace un inventario de bienes y aclara, “Campanario en grave peligro".